Los Pocillos, crónica de un proyecto urbanístico «inevitable»

La aprobación por parte del Pleno municipal del Proyecto de Modificación del Plan Parcial del Sector 1 “Los Pocillos”, nombre con el que se conoce a la franja de terreno de 148 hectáreas delimitada por la M-600, la M-503 y la avenida de España, protagoniza un nuevo paseo. Hablamos de futuro pero ¿de qué futuro?

Empezar

Le cuento que lo de diciembre es el punto y final de un proceso que comenzó en 2004 con la aprobación del Plan Parcial. Que en 2006, Enrique Porto, el que fuera director general de Urbanismo de Madrid, tuvo que dimitir al demostrarse que había desoído primero, y alterado después, el informe de los técnicos que planteaban suspender la edificación de Los Pocillos.

Para que no parezca que me lo invento, le cito la fuente: El País (6/10/2006), y Kipling asiente muy serio con un ligero giro de cabeza. Le digo también que hay otras cositas por ahí, quizá no ilegales pero sí cuestionables, y como le veo que quiere más lo llamo al orden. Le recuerdo que nuestra misión es otra, porque YOURHOMETOWN —es decir, él y yo— hace un periodismo constructivo y de servicio y que la denuncia, de existir, se la dejamos a otros más jóvenes y sensatos.

 Y continúo. Le digo que en 2007 el alcalde Luis Partida aprobó el proyecto de urbanización y que en 2008 hizo lo mismo con el de reparcelación.

Kipling ladra como diciendo ¡quieto ahí, para el carro, dónde está la miga!, y yo le digo que paciencia, carajo, que ya llega.

En 2019 la asociación vecinal Iniciativa Ciudadana Villanueva de la Cañada Sostenible (ICVCS) presentó seis alegaciones contra el proceso ante el Ayuntamiento. Y la máquina urbanística tuvo que pararse. Bueno, por un tiempo al menos, porque en enero de 2021 el Ayuntamiento desestimó las alegaciones interpuestas y aprobó definitivamente el proyecto de Modificación Puntual del Plan Parcial del Sector 1 “Los Pocillos”.

Vista de Los Pocillos. Imagen tomada con un iPhone X. @YOURHOMETOWN

Crecer, sí, pero ¿para qué?

Y ya está? Pues sí, ya está. Qué más quieres, le digo. Hombre, parece decirme él ladeando la cabeza, pues no sé. Confieso que a veces su insistencia me enerva, pero entiendo sus dudas. Al fin y al cabo, me pongo en su lugar y pienso cómo me sentiría si me robaran mi lugar de juegos, de carreras y paseos.

Lo tranquilizo con un par de palmaditas en el lomo. Le digo que el proceso no es inmediato, que podrá correr a sus anchas tras los conejos durante unos meses más. Y para demostrárselo le suelto la correa y lo dejo correr. Y él corre. Unos metros más adelante, sin embargo, se para en seco. Y vuelve despacio, pensativo, desafiante, como si hubiese agarrado una idea al vuelo.

Alto ahí, le digo. Sé por dónde vas. Todo es legal, está aprobado y no hay más flecos sueltos: la nueva estructura urbanística es abierta y está integrada en la trama de la villa. Vamos, que no serán urbanizaciones independientes como se temía; los corredores verdes naturales también formarán parte de la red de Zonas Verdes actuales y habrá parques y espacios libres sobre arroyos y vaguadas; la red viaria será funcional y menor y no radial y mayor como en los planes iniciales. Y sí, también tiene el visto bueno de Medio Ambiente.

La nueva estructura urbanística prevista en el plan es abierta y está integrada en la trama de la villa.

Kipling me arroja un gruñido. Y yo, molesto, le digo que Los Pocillos tampoco es la Pandora de Avatar, que seamos serios. Me arrepiento de soltárselo así pero, a fin de cuentas, ¿qué perdemos con todo esto? ¿Quizás un gran espacio abierto, unas bonitas vistas, unas puestas de sol espectaculares, un lugar natural de recreo y esparcimiento? Pues sí, pero quizá ganemos otras cosas. ¿Cuáles?, me dice sin decir. Otras, le digo sin entrar en detalles.

Porque en el fondo entiendo la necesidad de crecer, aunque no deje de preguntarme para qué. Crecer está muy bien, pero ¿con qué propósito? ¿Conseguir más población? ¿Tener más viviendas? ¿Abrir más negocios? Quizá lo que haya que preguntarse —y no sé si lo hemos hecho— es qué queremos ser como localidad. ¿Aspiramos a ser otro Pozuelo, otro Majadahonda, otra Boadilla? Si es así, díganmelo, por favor. Nunca me gustaron los sucedáneos.

Contamos, creo yo, con elementos que nos hace únicos como localidad, diferentes del resto, y que nos permitirían ser otra cosa. No sé si mejor o peor, pero desde luego otra cosa. La cuestión es: ¿queremos? Y si no, ¿por qué? Le pongo la correa a Kipling y emprendemos el camino de vuelta a casa.

Como sigue enfadado por lo de Avatar y no me habla, aprovecho para amasar estas ideas.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.