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La historia de amor y oscuridad del padre Cristian González

A sus 35 años, el padre Cristian González tiene miedo a pocas cosas. La muerte no es una de ellas. Hace años le dedicó su tesina de seminario y más tarde, durante meses, se paseó cogida de su brazo en el penal de Tocorón, el más difícil y duro de Venezuela. Sin embargo, nunca antes la había sentido tan próxima como la noche de pesadilla en la que fue detenido por la Guardia Nacional Bolivariana en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar. Hoy, a salvo en España —ejerce como vicario en la parroquia San Carlos Borromeo de Villanueva de la Cañada (Madrid)—, recuerda aquel incidente no como la noche en la que creyó morir, sino como el día en que empezó a vivir.

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Cuando el Señor dispone

El viaje se inició en 2015 con una petición al obispo y un sí por respuesta. Un vuelo a Sevilla, al calor de sus calles y la alegría contagiosa de sus gentes. Después, como en un mal sueño, el teléfono que suena, la voz que le insta a regresar para hacerse cargo de una parroquia como vicario parroquial en un barrio difícil. El padre Cristian González obedece sin preguntar, pero solicita por caridad cristiana un aplazamiento que le es concedido. Durante un mes viaja por España y visita Roma, ciudad que ansiaba conocer.

Los astros, sin embargo, parecen alinearse en su contra. No lleva una semana allí cuando tienen lugar los atentados islamistas de noviembre de 2015 en París, donde mueren 130 personas y otras 415 resultan heridas. Londres y Washington planean cerrar sus aeropuertos. Roma también. Su vuelta a Venezuela se agiliza.

Apenas lleva ocho meses en su nuevo destino cuando una nueva orden le lleva a otro. Esta vez grande e importante. El de Nuestra Señora del Rosario en Zuata: 80.000 habitantes, tres iglesias, enormes responsabilidades para un joven párroco. El padre Cristian González asume con humildad sus nuevas obligaciones y se entrega a la labor con el entusiasmo del primer día.

Pero el trabajo es agotador y la labor excesiva. En 2016, sin fuerzas, solicita unas vacaciones y viaja de nuevo a España. Visita Écija y Córdoba, donde asiste a una misa presidida por monseñor Ginés Ramón Beltrán, hoy obispo de Getafe que entonces lo era de Guadix, en Granada. Monseñor andaba por entonces necesitado de actividad pastoral y como el que no quiere la cosa, mientras comparten un plato de paella, le arroja un señuelo que él recoge al vuelo. Por supuesto que se vendría a España si se lo proponen, pero sus nuevas responsabilidades le atan a Venezuela. Mientras tanto, monseñor le invita a visitar Guadix, donde se aloja en el seminario y asiste a la reunión de clero.

En Zuata el padre Cristian González se labra un nombre. Funda Cáritas, crea comunidades, se enfrenta al hambre y la pobreza extrema. Evangeliza y alimenta. Alimenta y evangeliza. Atiende a enfermos de sarna, reparte sopa en enormes pucheros. Firma acuerdos con ganaderos que ceden al pueblo los restos de sus reses sacrificadas. Para comer. Para que no mueran de hambre. Organiza así 29 grupos parroquiales, imparte seis misas cada domingo. Levanta iglesias, consolida con esfuerzo un modesto legado del que hoy presume sin orgullo.

Con sus homilías sobre la justicia y sus declaraciones a la prensa se gana también un nombre en los archivos policiales. Su dossier engorda. Y lo hace aún más cuando su hermano menor biológico, graduado como profesor, es detenido como opositor por las fuerzas del régimen. El cura ya no es solo un curita molesto de una parroquia cualquiera, sino el hermano del activista, el agitador de conciencias, el flagelo del régimen a escala local.

Comienzan los acosos y las detenciones. Le graban las homilías, manipulan sus declaraciones en la radio, le acusan de generar odio e incitar a la violencia. Hasta en ocho ocasiones el padre Cristian González es detenido. Algunos días la Guardia Nacional le espera frente a la puerta de su casa. Le cachean de cara a la pared, le esposan como a un delincuente, le llevan detenido para después, sin explicaciones, soltarlo sin más. Siempre la misma rutina. El régimen le hace sentir su presencia.

Hasta en ocho ocasiones el padre Cristian González es detenido. Ya no es el molesto curita de pueblo, sino el hermano del activista, el agitador de conciencias, el flagelo del régimen.

Esta es, sin embargo, la última de sus preocupaciones. El Señor le reserva una cruz aún más pesada de llevar. La nefasta herencia clínica de su padre biológico se reproduce en su hermano mayor. Un aneurisma de aorta, igual al que él padece, le conduce a 12 días de angustia e impotencia, de traslados de hospital en hospital, de perseguir ambulancias y realizar gestiones aquí y allá, de gastos enormes y puertas cerradas. Nadie se atreve con la disección aórtica que necesita.

El día que muere su hermano, el padre Cristian González toma la decisión de abandonar de Venezuela sin saber entonces que nunca —al menos de momento— regresaría. No lo hace por miedo, que no lo tiene, sino por ahorrar a su madre la angustia infinita de tener que entregar otro hijo a la muerte.


JULIÁN DUEÑAS

Licenciado en Periodismo y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Dirección de Comunicación y Publicidad por ESIC. Profesional con 30 años de experiencia, los últimos 15 de ellos como director de la revista GEO, puesto que simultaneó durante otros cinco años con la dirección de la revista gastronómica BEEF! La publicación fue galardonada con el Premio Nacional de Gastronomía bajo su dirección. Es miembro de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).

3 Comments

  1. Yo conozco a Cristian no dudo de su persona y su sacedocio una gran persona y muy especial para mí.

  2. Pater eres un siervo del Amor del Señor, y ee Amor te ilumina a ti y a los qué te conocemos y queremos.
    Cuidate amigo.

  3. Buenos días, hace tempo que leí esta pequeña biografía del Padre Cristian y tenía que comentar algo sobre ella. En realidad sobre él. Para mi el Padre Cristian es una persona llena de bondad, que tiene a Dios siempre con él y luego es muy divertido y un gran amigo. Me ha ayudado en los peores momentos de mi vida y le estaré siempre muy agradecido. Es mi cura favorito

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